Venezolanos en la frontera: Nada es como parece

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[dropshadowbox align=”none” effect=”lifted-both” width=”auto” height=”” background_color=”#ffffff” border_width=”1″ border_color=”#dddddd” ]Viajar para el venezolano se ha convertido en un camino sin salida. Cuando un ciudadano decide tener unos días de descanso en otra entidad, puede ser dificultoso.[/dropshadowbox]

Lo primero es conseguir el pasaje, el cual se amerita para ciertos terminales “efectivo”. Ubique tres agencias para viajar de Caracas a San Cristóbal y lo que se observé fue inmensas colas, las personas esperanzadas de que si iban a  recibir el año con sus familiares.

Muchos ciudadanos dormían en las calles para apartar su boleto. Respecto al incremento del pasaje, en la mañana te lo venden en 250 mil y en la tarde en 350 y hasta en 400 mil bolívares. Al final logra irse el que negocia.

Inicio el viaje en un autobús ejecutivo hacia San Cristóbal para quedarme en Barinas. Si en el camino te da hambre puedes comerte una arepa en 80 mil bolívares o un menú ejecutivo en 90; si te da sed, un refresco puede ser la opción principal que tiene un costo de 30 mil o un agua en 10 mil bolívares.

Luego de aproximadamente 11 horas de viaje llegue a Barinas, específicamente a “Punta de Piedra” y me conseguí con lugares hermosos y personas amistosas, de esas  que te hacen sentir como en casa.

Conocí el rio Caparo, al cruzar su puente aprecie la población Abejales (estado Táchira) y más adelante unas increíbles montañas merideñas. Quedará en nuestros paladares los pasteles andinos de carne molida y arroz, el queso ahumado y su exquisito aroma, para esta época navideña una hallaca andina y de postre un arequipe artesanal, especial de Punta de Piedra.

Llegó el gran día para cruzar la frontera, madrugue y recordé lo que me dijeron unos tachirenses, que debía llevar efectivo aparte de mi pasaje por si llevaba -mercancía- “debido a que puedes necesitarlo en las miles de alcabalas de la Guardia Nacional (GN)”. Si usted va para Arauca y se encuentra en Barinas, es posible que te traslades hacia Guasdualito de pie por tres horas, es por ello que es indispensable ir deportivo.

Al llegar a Guasdualito esperas un transporte que vaya hacia El Amparo, donde vas a cruzar la frontera, bien sea caminando por el puente o en canoa a precio “solidario” (10 mil bolívares).

Decidí cruzar en canoa y estaba cerrada la frontera, la mayoría de las personas que me acompañaban eran mis paisanos, se veían preocupados por la mercancía que llevaban. Paso una hora de conversaciones con funcionarios de la (GN) hasta que decidieron permitir el acceso fronterizo, en menos de 5 minutos de traslado ves a tu alrededor con un nudo en la garganta, personas con escazas ilusiones y los ojos aguarapados.

Pisando suelo colombiano, uno se pregunta hacia donde ir ó dónde comenzar el recorrido. Al entrar en los barrios arauqueños te sorprende ver a gran cantidad de venezolanos ofreciendo diversos tipos de carne, queso, mantequilla Mavesa (años sin verla), talcos, ropa, chucherías y helados.

Se saludan los “panas” y se preguntan entre ellos, cómo está la venta y se escuchan respuestas: “No está muy buena la cosa por aquí, quizás es cuestión de suerte”. Si, en Venezuela hay crisis y en Colombia no tanta, pero en sus tiendas ubicadas en la avenida principal de Arauca se mantienen solas, situación que no se ve tanto aquí en Venezuela.

Mientras una persona está en la frontera, puede caminar por horas sin comer ni tomar algún líquido, debido al presupuesto. Unos paisanos prefieren quedarse y ofrecer sus mercancías el día siguiente, otros deciden regresar luego y si les fue bien resuelven parte de sus gastos.

Mientras me devolvía me cruce con un -vecino colombiano-, me dijo que su situación no estaba tan buena como el venezolano se imagina. sin embargo, parte de su salario le alcanzaba para comer y cubrir otras responsabilidades.

Lo que nos han dejado a los venezolanos una situación difícil, quizás cruel para el que por tantos años se preparo e invirtió en un negocio. Actualmente ni al que tiene recursos le alcanza el dinero. Hay tantos que aun desean quedarse en su tierra, que desean ayudar a su gente, que creen en sus proyectos mientras parece ya no existir futuro. Esto es  un ir y venir, negociar para todo, tantas veces sin obtener respuestas. Nada es como parece…

Por: María Donaire

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