Valentín Santana y el colectivo “La Piedrita” ¿Paramilitares o no?

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Entender que es el paramilitarismo es básico para determinar cómo funcionan algunos grupos que muestran afecto recíproco  al gobierno

 

La esencia del paramilitarismo se remonta a décadas anteriores en sociedades distintas a la venezolana, no se puede entender el funcionamiento de estas estructuras si no se contextualiza la realidad de la sociedad que lo alberga y en cuyas entrañas existe.

Para tratar de entender el paramilitarismo en una sociedad se hace necesario realizar una conexión entre lo que pasa en el espacio donde surge y los ideales o direccionamientos que se invocan para su conformación y funcionamiento, esto por supuesto, no va de ninguna forma desligado de lo que constituye su fuente de financiamiento, no puede existir una estructura paramilitar sin una fuente de financiamiento de sus actividades, a la vez que, costosas en su logística, están desintegradas en lo concerniente a actividades productivas propiamente dichas.

Es cierto que, el paramilitarismo es un fenómeno histórico muy antiguo, pero el paramilitarismo contemporáneo, que es la reflexión que aquí nos importa, se remonta a Argelia bajo la ocupación francesa (1954 y 1962). Francia desarrolló la versión contemporánea que sirvió como referente para otros países, especialmente en América Latina. Allí se perfeccionó la estrategia en donde comandos de tropa de ocupación se desdoblaron en grupos disfrazados de civiles, que salían a la calle a secuestrar, torturar, ejecutar y desaparecer a miembros de la resistencia argelina y sus simpatizantes, a todos los niveles, así como a cualquier tipo de sospechoso.

Es en esta ocupación imperial sobre un país dependiente donde se desarrolló la metodología paramilitar que, más tarde, Estados Unidos implementaría en América Latina. Uno de los personajes más emblemáticos en la construcción ideológica y operativa de lo que más tarde sería conocido como guerra sucia, fue el general Paul Aussaresses, instructor en el Fuerte Bragg de los mandos militares estadounidenses que aplicaron sus conocimientos en Asia, África y América.

El objetivo de los despliegues clandestinos es preservar la imagen democrática del gobierno, reforzando el falso perfil de neutralidad de los cuerpos represivos del Estado, policíacos y militares, y evitar presiones internacionales por la violación de derechos humanos. Por medio del discurso del “actor independiente” o “incontrolable”, es decir, de grupos armados que se salen del control del gobierno y que éste, a pesar de todos sus esfuerzos, no logra contener, se desresponsabiliza al Estado y se deja impunes a quienes los financian, apoyan, asesoran y justifican.

Estos grupos incontrolables, según el gobierno, responden a sus propios intereses y no a los del sujeto hegemónico. Es importante recalcar que, a pesar de que el paramilitarismo es una estructura clandestina, su accionar esta cuidadosamente planeado y existe una cercana convivencia con las estructuras del poder político, lo cual tiene como uno de sus principales resultados la impunidad, el terror y la parálisis social.

En este sentido, uno de los objetivos principales del paramilitarismo dentro de las estrategias de contrainsurgencia es “la desmovilización total, la difusión del terror, el inmovilismo político, la desarticulación de la sociedad y el aislamiento de sus fracciones más radicalizadas”. En pocas palabras, organizar el terror en la sociedad.

Muy cercana a la realidad venezolana, la sociedad colombiana es un claro ejemplo de lo que constituye el paramilitarismo en tiempos recientes.

En la década del 50 del siglo pasado, los movimientos campesinos veían como su máximo líder se convertía en potencial gobernante de ese país. Jorge Eliécer Gaitán contaba con las simpatías en la gran masa de votantes colombianos, su asesinato en 1948 desencadenó una explosiva ola de violencia que se conoció como “El Bogotazo”, desde ese entonces y hasta la actualidad, ha prevalecido un enfrentamiento que ha desangrado a varias generaciones en tierra neogranadina.

La conformación de combatientes guerrilleros de tan larga data se vio asimilada por gobiernos de turno y, para tratar de contrarrestarla fuera de las fuerzas regulares, fueron creadas las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) grupos que recibían logística desde el gobierno, actuaban según intereses del gobierno pero, cometían actos que violentaban derechos fundamentales sin que el gobierno se viera comprometido.

En nuestro país, inicialmente se conformaron “grupos de choque” que se conocieron como “círculos bolivarianos”, estos grupos, según han señalado observadores e investigadores de la realidad venezolana, reciben desde su inicio financiamiento desde las partidas presupuestarias de las distintas alcaldías y gobernaciones cuando no del gobierno central de manera directa.

Estos grupos conformados por muchos elementos salidos de algunos organismos policiales (como la extinta PM) pero que conviven con muchos elementos con antecedentes delincuenciales, fueron denominados como “Colectivos”.

Quizá la más emblemática de estas agrupaciones es la conocida como “La Piedríta”, cuya sede se encuentra en la populosa parroquia “23 de Enero” a la entrada del Observatorio y la cual tiene un espacio privado justo frente a la comandancia general de la Milicia Bolivariana.

Esta agrupación ha transitado desde su creación por un contrastante proceso de amor-odio con el gobierno en funciones, aunque en un momento ha sido llevada a ser determinada como “fuera de la ley” y su líder, Valentín Santana, a ser un perseguido con orden de aprehensión en su contra.

Es de recordar, la ejecución de un paro armado ocurrido en agosto de 2008, fecha en la cual, a vista y conocimiento de todas las autoridades, se mantuvo por varias horas tomadas las vías de la populosa parroquia del oeste capitalino.

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Todo ello pareciera ser cuestión del pasado, hoy en día los colectivos gozan del privilegio no solamente de exhibir armamento a plena luz del día, son considerados “intocables” por organismos del estado y, en muchas ocasiones, hasta están a cargo de centros de distribución y venta  de alimentos en los cuales los precios son hasta mas elevados que los que colocan los mismos “Bachaqueros”.

Todos los elementos acá mencionados coinciden, en muchos aspectos, con lo descrito lineas mas arriba respecto a la caracterización de lo que es el paramilitarismo, los elementos del poder que mantienen y financian sus actividades no lo definirán como tal, usted, que ha leído este artículo, saque sus propias conclusiones.

 

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