Psicología Bancaria: La Resiliencia como método de transformación de la realidad

0
526
views

 La “resiliencia”, como el amor es difícil de definir. Sin embargo, todos desde el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Kimoon, hasta los organismos gubernamentales, los directorios de las empresas y los grupos comunitarios hablan de cómo construirla o mantenerla.

¿La resiliencia es así un concepto útil o sólo una palabra de moda fugaz?

Para responder este interrogante, necesitamos empezar por otro: ¿cuánto creemos que podemos cambiar sin convertirnos en una persona diferente? ¿Cuánto puede cambiar un ecosistema, una ciudad o una empresa antes de parecer y funcionar como un tipo diferente de ecosistema, ciudad o empresa? Todos estos son sistemas que se auto-organizan. Nuestro organismo, por ejemplo, mantiene una temperatura constante de aproximadamente 37 grados Celsius. Si la temperatura del cuerpo sube, empezamos a sudar para poder bajarla; si la temperatura baja, los músculos vibran (tiemblan) para calentarlo. Nuestro organismo depende de informaciones negativas para seguir funcionando de la misma manera.

Esta es, esencialmente, la definición de resiliencia: la capacidad de un sistema para absorber la alteración, reorganizarse y seguir funcionando prácticamente como antes. Sin embargo, existen límites, o umbrales, para la resiliencia de un sistema, más allá de los cuales éste adopta una manera diferente de funcionamiento una identidad diferente. Muchos arrecifes de corales que alguna vez albergaban una diversidad rica de peces, por ejemplo, se han vuelto ecosistemas de algas o turba con muy pocos peces.

Los umbrales también existen en los sistemas sociales, pensemos en las modas pasajeras o más seriamente, en el comportamiento vandálico de las multitudes. En los negocios, la relación deuda-ingreso es un umbral bien conocido, que puede modificarse al compás de los tipos de cambio. También se han identificado los efectos de los umbrales en la oferta de mano de obra, los servicios de transporte y otros determinantes del bienestar de las compañías. No debería confundirse resiliencia con resistencia al cambio. Por el contrario, intentar impedir el cambio y la alteración de un sistema reduce su resiliencia. Un bosque que nunca se incendia termina perdiendo especies capaces de tolerar el fuego. Los niños a los que se les prohíbe jugar en el barro crecen con sistemas inmunes comprometidos. Para generar y mantener resiliencia es necesario indagar sus límites.

Si ya se produjo un cambio a un “mal” estado, o este cambio es inevitable e irreversible, la única opción es una transformación en un tipo diferente de sistema una nueva manera de vivir (y de ganarse la vida). La transformabilidad y la resiliencia no son opuestos. Para que un sistema se mantenga resiliente en una escala, partes de él en otras escalas tal vez tengan que transformarse.

En Australia, por ejemplo, la cuenca de Murray-Darling no puede continuar siendo una región agrícola resiliente si todas sus partes siguen haciendo lo que están haciendo hoy. Sencillamente no hay suficiente agua. De modo que algunas de sus partes tendrán que transformarse.

Por supuesto, la necesidad de transformación para crear o mantener resiliencia también puede afectar la escala superior, si algunos países y regiones han de mantenerse (o volverse) sistemas socio-ecológicos resilientes con un alto bienestar humano, tal vez sea necesario transformar el sistema financiero global.

La transformación requiere superar la negación, crear opciones para el cambio y respaldar la innovación y la experimentación. El apoyo financiero de los niveles superiores (gobierno) muchas veces adopta la forma de ayuda para no cambiar (los rescates de los bancos demasiado grandes para quebrar, por ejemplo), en lugar de ayuda para sí cambiar.

Después de una crisis financiera se suelen hacer preguntas sobre los reguladores y sus organismos tomadores de decisiones.

¿Qué podemos hacer para fortalecer la resiliencia del sistema bancario? Y más específicamente: ¿es necesario y suficiente adoptar normas internacionales para promover la estabilidad financiera? ¿Qué más se necesita?

Obtener respuestas claras para las primeras dos preguntas es un buen comienzo para implementar cualquier estrategia destinada a fortalecer, de manera gradual y realista, la resistencia de cualquier sistema bancario.

Sobre la primera pregunta: ¿Es necesario adoptar normas internacionales para promover la estabilidad financiera?

La respuesta es que sí, y hay poco que decir sobre este tema. Esto se debe principalmente a la globalización de la industria bancaria y por lo tanto la necesidad de estandarizar normas prudenciales para crear condiciones apropiadas para competir, y evitar costos no deseados, como por ejemplo, un arbitraje regulador.

Este fenómeno comenzó a principios de los años setenta, a medida que el sector bancario se volvía más y más interconectado. Fue una consecuencia de la expansión de los servicios financieros y del crecimiento del comercio internacional, lo cual mostró una necesidad de estandarizar las regulaciones bancarias.

Esto se alcanzó a través de los normas prudenciales distribuidas por el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea (BCBS por su sigla en inglés), creado durante los años setenta y concebido como un foro para la cooperación incesante de temas relacionados a la supervisión bancaria. Su objetivo fue aumentar el conocimiento sobre los temas principales de supervisión y mejorar la calidad de supervisión bancaria de los países miembros.

Después, la globalización financiera creciente que comenzó en los años noventa abrió paso para que las recomendaciones de BCBS se convirtieran en normas mundiales de regulación de prudencia para los reguladores bancarios. Esto fue mucho más allá del concepto original de BCBS de entablar recomendaciones generales y no vinculantes para el país miembro.

Como resultado, la calidad de la regulación bancaria de cualquier jurisdicción, sea o no país miembro de BCBS, se mide de acuerdo a su nivel de cumplimiento con estas normas, que cubren áreas claves de prudencia, incluyendo suficiencia de capital, riesgo de liquidez, acuerdos para la supervisión bancaria efectiva, supervisión bancaria transfronteriza, etc.

Sin embargo, es importante tener en cuenta dos cuestiones importantes al adoptar normas internacionales. En primer lugar, estas normas fueron hechas para países desarrollados, por lo que se necesitará hacer adaptaciones para las condiciones locales, especialmente en países emergentes. En segundo lugar, las normas internacionales representan un mínimo que hay que alcanzar, lo que permite que cada país adopte normas más severas.

Por tanto, la implementación de normas BCBS es crucial para alcanzar un buen nivel de regulación y supervisión, pero para llegar a este nivel es necesario que los supervisores tengan la capacidad de adaptar las normas internacionales según las necesidades de diferentes países y, si es necesario, poder imponer normas prudenciales más exigentes para lidiar con vulnerabilidades idiosincrásicas.

Sobre la segunda pregunta: ¿Qué más se necesita?

La respuesta es fácil: ¡mucho! Depender de una buena regulación está lejos de ser lo suficiente cuando se habla de estabilidad financiera. Aquí, el punto crucial es la supervisión basada en riesgos.

Históricamente, la supervisión se concentraba en un enfoque basado en el cumplimiento normativo, que buscaba garantizar que los bancos cumplían con leyes y normas prudenciales. Este enfoque depende mucho de la verificación de transacciones, como conciliación de datos y cuentas, y otras actividades de verificación detallada. Estas actividades de supervisión son importantes pero insuficientes para prevenir problemas que resultan de la mala gestión y malas prácticas bancarias.

En contraste, la supervisión basada en riesgos busca evaluar si las actividades bancarias adhieren a las buenas prácticas de gestión. Este enfoque depende de la capacidad de los supervisores en los aspectos cualitativos de la gestión bancaria y supervisión del consejo.

Este enfoque basado en riesgos es crucial para promover la estabilidad financiera. Desafortunadamente, hay pocas buenas experiencias en esta área y, en realidad, la crisis global financiera de alguna manera comprueba el reto de implementar una supervisión basada en riesgos mundialmente. Este enfoque depende del juicio de especialistas y, lo que es igual de importante, de la capacidad y de la voluntad de las autoridades regulatorias para proceder basándose en una evaluación cualitativa de cómo la administración y consejo hacen lo que hacen y cómo supervisan los riesgos y toman decisiones.

Este enfoque cualitativo en la supervisión es necesario ya que el gobierno eficaz de los bancos no se puede regir por completo, por lo tanto, no funciona lo de “marcar dentro de la caja” por cumplir con las “buenas prácticas”.

El uso adecuado de supervisión basada en riesgos promueve el análisis del gobierno de los bancos e incita a los supervisores a fomentar prácticas bancarias apropiadas. Un gobierno apropiado de los bancos es una actitud, una manera de trabajar, y la forma en que dueños, directores y administración cumplen con la obligación concedida por la confianza pública.

Sin embargo, intentar implementar una supervisión basada en riesgos puede ser nulo y sin efecto si no se alcanzan algunas precondiciones importantes, dentro de las cuales la independencia de supervisión y la protección legal para los supervisores son primordiales.

La resiliencia, en resumen, tiene que ver en gran medida con aprender cómo cambiar para no cambiar. La certeza es imposible. El punto es construir sistemas que sean seguros cuando fallan, no crear sistemas a prueba de fallas.

DEJA UNA RESPUESTA

Escriba su comentario
Por favor ingresa tu nombre aquí