PDVSA: Grave situación estructural

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Posted: Jueves 14 Diciembre, 2017
Category: Energía y petróleo
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PDVSA atraviesa una situación estructural grave y alarmante, alimentada por una creciente escasez de producción y una esquelética disponibilidad de caja, en momentos en que no cuenta con la capacidad de generar acciones que deriven en un cambio positivo de direccionamiento, dada su expresa limitación de experticia, conocimiento y personal calificado.

Para lo que va de Diciembre’2017 la producción nivel nación reportada de crudo (excluye LNG) señala un severo derrumbe, para ubicarse en una cifra real de 1.690.000 B/D según reporte oficial. Por su lado la producción de la FPO presenta un alarmante desplome hacia 870.000 B/D promovido por un agudo colapso en los niveles de eficiencia operacional y disponibilidad de diluente.

Con respecto a la producción de gas la cifra nación reportada se ubica en 6.960 MMPCD, incluyendo unos 590 MMPCD provenientes de costa afuera. PDVSA GAS ANACO continúa hundiéndose hacia 547 MMPCD, constituyendo una pérdida acumulada desde 2008 que excede 1.150 MMPCD. La relación gas petróleo de producción (RGPp) muestra tendencia preocupante al alza, señalando que la mayor parte de los activos están siendo letalmente sobreexplotados y desembocaran en un aun mayor colapso en el muy corto plazo.

Como consecuencia de la baja en la carga y la variación del tipo de dieta, aunado al deterioro de la infraestructura instalada, el factor de utilización de las unidades de refinación en todo el país es realmente preocupante, promediando un porcentaje cercano al 40%.

La relación de producción de pesado extrapesado (X/XP); hoy por hoy el barril mas costoso e ineficiente, a condensado liviano mediano (C/L/M) ha venido peligrosamente incrementando hasta superar el 51% en la actualidad. A medida que se acrecienta dicha proporción se amplían las importaciones de crudos y derivados, castigando el ya menguado presupuesto de PDVSA y por ende de la nación.

Todos los proyectos y activos muestran un severo desfase y una tendencia prácticamente irreversible al colapso total bajo las condiciones prevalecientes y que ameritan medidas urgentes y de alto impacto para detener dicha tendencia.

Producto de la fuerte y sostenida disminución en la producción de crudo, PDVSA se ha visto forzada a reducir los envíos tanto a Petrocaribe como a China, particularmente desde 2015. Este descenso se ha agudizado durante lo que va de 2017 y continuara dicho camino a lo largo de 2018 si no se actúa con urgencia, determinación y eficiencia. Tanto política como financieramente lo anterior constituye una seria y transversal amenaza para Venezuela. En primer lugar porque apunta al deterioro de la diplomacia del petróleo y en segundo lugar porque le resta poder de negociación y acceso a nuevas fuentes de captación de capitales.

Con una nomina de más de 200.000 personas, apenas atina a producir menos de 8 B/D por cada empleado, cuando el promedio mundial entre las principales empresas nacionales supera los 100 B/D por cada empleado; y ni hablar de las empresas privadas. Un escenario sencillamente desolador, que amerita llevar a la justicia hacia un verdadero y ejemplarizante castigo a sus verdaderos responsables; aquellos que desde 2007 y hasta 2017 han llevado a PDVSA al foso en donde se encuentra actualmente. No chivos expiatorios como podría ser el caso de Nelson Martínez, cuya actuación en nada tiene que ver con el desastre actual que acusa PDVSA.

PDVSA es simplemente insostenible al ritmo que lleva y menos sostenible aun con el alarmante y hostil ambiente que "cascadea y meteoriza" desde su PH y que se respira actualmente en sus pasillos. El reciente cambio llegó a todas luces de forma inoportuna y de mala manera. La señal que se ha emitido hacia la comunidad energética internacional es más que alarmante; penosa. Las acciones tomadas por el nuevo inquilino indican inmadures, desorientación y apuntan hacia la agudización de la crisis tanto interna como externa en el muy corto plazo.

El ejecutivo debe tomar muy en serio la naturaleza de la industria petrolera, de su constante sed tecnológica y de su necesaria disciplina. No es cualquier cosa una industria petrolera; es competitividad, es eficiencia, es rendimiento, es manejarse en un ambiente de alto riesgo. Tiene implicaciones globales y sobretodo tiene implicaciones en nuestra soberanía.

Entendemos que desde la óptica del gobierno, arriesgar a PDVSA es arriesgarse a si mismo. Sin embargo debe también entender que se debate entre dos aguas ambas muy turbulentas. O se las juega con un equipo nacionalista, patriota, altamente competitivo y calificado, aunque no totalmente alineado en lo político, o se juega su propia subsistencia con un equipo que abunda en imprecisiones, demagogia, politiquería e incompetencia, aunque sea "rojo rojito"; sobretodo cuando ya de eso hay antecedentes de sobra.

El barril no repuntara más allá del nivel actual; por el contrario, tenderá a la baja simplemente porque el nivel de crecimiento de la economía global esta prácticamente estancado. Ese 3.5% @ 3.7%, que se visualiza para 2018 es promovido principalmente por expectativas provenientes de India, Brasil y EEUU. Los dos últimos autoabastecerán su propia demanda, mientras que el primero dependerá principalmente del consumo de bio-energía y del crecimiento de suministros provenientes de Irán y Rusia.

Lo anterior, aunado a la esperada desaceleración de la de la economía nipona y China, garantiza para 2018 un muy posible escenario de sobreoferta en los mercados, a pesar de la anunciada extensión del recorte OPEP; a todas luces orquestada por el IPO de Saudi Aramco y la sed de desarrollo de fuentes no convencionales de los EEUU. Las alternativas y viabilidades que le quedan a PDVSA son pocas y cada día parecieran reducirse más.

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