Maduro se mantiene en el poder con Pdvsa y Venezuela en quiebra

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HAB24. LA HABANA (CUBA), 21/04/2018.- El presidente cubano, Miguel Diáz-Canel (d), habla durante las conversaciones oficiales con su homólogo de Venezuela, Nicolás Maduro (i), hoy, sábado 21 de abril de 2018, en La Habana (Cuba). Díaz-Canel recibió hoy en el Palacio de la Revolución de La Habana a su homólogo venezolano, Nicolás Maduro, el primer jefe de estado que visita la isla tras el relevo presidencial ocurrido esta semana en el país caribeño. EFE/Ernesto Mastrascusa/POOL
Con las condiciones en que se encuentra la economía venezolana, cualquier otro gobierno habría caído, sin embargo, lejos de irse o renunciar, el presidente venezolano luce cada vez mas atornillado en el poder

Contra todas las expectativas de propios y extraños, el gobierno del presidente Nicolás Maduro se enfila a cumplir el sexto año de un primer mandato para el que resultó electo en abril de 2013 tras el fallecimiento del entonces presidente Hugo Chávez, el cual le había legado el apoyo de sus seguidores como “testamento y última voluntad” en aquella cadena nacional transmitida en diciembre de 2012.

Cabe entonces realizar el análisis de las ocurrencias y hechos suscitados en el país desde que Nicolás Maduro asumiera la presidencia una vez realizadas las elecciones de 2013.

Maduro recibió una herencia política cimentada sobre las características de Chávez quien edificó su régimen sobre cuatro pilares:

1) Abundante renta petrolera gracias al más largo e importante auge de precios de los hidrocarburos de la historia económica moderna (2003-2014).

2) Apoyo electoral mayoritario como consecuencia fundamentalmente de lo anterior, que le permitió vía gasto público subsidiar un enorme boom de consumo e importaciones.

3) Una red de alianzas internacionales que incluían organizaciones como el ALBA, la Celac, Unasur, Petrocaribe y estratégicos apoyos políticos dentro del Congreso de los Estados Unidos y en movimientos políticos de Europa.

4) Finalmente, el decisivo apoyo militar pues gracias a sus conocimientos de ese mundo logró comprometer a la Fuerza Armada Nacional (FAN) con su proyecto de poder.

Esa fue la estructura de poder que heredó Nicolás Maduro y de la cual hoy sólo quedan escombros. Sí, incluyendo el apoyo militar, hoy en medio de una crisis que las continuas detenciones de oficiales y suboficiales en las últimas semanas para someterlos a investigación hacen evidente.

Y sin embargo, Maduro puede perfectamente sobrevivir otro año en el poder. Eso pese a la catastrófica sucesión de fracasos económicos, al creciente aislamiento político en el continente americano y el escaso apoyo práctico que recibe de China y de Rusia, más allá del aliento diplomático.

 

 

Para aproximarse a las respuestas hay que considerar al menos cuatro fortalezas del régimen madurista:

1.- Determinación de mantenerse en el poder

Maduro y el círculo gobernante que le rodea han dado muestras de la insensibilidad, del desprecio por la vida de los demás y de la determinación necesarios en todo despotismo que quiera conservar el poder a toda costa. Además, se han mantenido cohesionados por la convicción de que si cae Maduro, caen todos y la perspectiva de que la llegada de la oposición al Palacio de Miraflores los haría sujetos de investigaciones criminales por delitos cometidos. La complicidad criminal es un poderoso elemento de esa cohesión. De hecho, las sanciones norteamericanas y europeas ha reforzado ese convencimiento. Hasta ahora, la deserción de la fiscal Luisa Ortega del grupo gobernante ha sido la única excepción importante a la norma. Las condiciones actuales de la sociedad civil ya no pueden ser señaladas sino como de supervivencia, toda vez que el gobierno no solamente ha instaurado monopolios que controlan los alimentos, también permite que las redes privadas exploten, de manera descarada, la economía familiar del venezolano con el conocido “bachaqueo”.

2.- Una oposición dividida y desmovilizada dentro de Venezuela

Probablemente el mayor éxito de Maduro en los últimos dos años de conflicto político haya sido este. Por supuesto, contó con la invaluable colaboración de una dirigencia opositora que se había preparado para derrotar electoralmente (sobreponiéndose a todas las desventajas institucionales) al régimen madurista, pero no para administrar esa victoria el día después, cuando se pusiera en evidencia (una vez más) que Maduro y su grupo de poder no estaban dispuestos a ceder ni siquiera una parte de ese poder por un resultado electoral.

Esa falta de estrategia para enfrentar el uso puro y desnudo de la fuerza por parte de Maduro se hizo evidente cuando impuso su Asamblea Nacional Constituyente (ANC) el 31 de julio de 2017, momento a partir del cual la base opositora se dividió entre los inclinados a proseguir en la ruta electoral y los que propugnaban la abstención.

Este triunfo de Maduro también puede achacársele a una oposición que no supo aprovechar el capital de simpatía que se había logrado despertar en las filas de ciudadanos descontentos contra el régimen del presidente venezolano y los cuales buscaban una dirigencia seria que les llevara a sacar del poder a alguien que, habiendo llegado por la vía democrática, pretende eternizarse en el poder de manera autocrática y hasta totalitaria.

Los frustrados intentos de negociación efectuados en República Dominicana entre representantes de la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y del Gobierno sólo consiguieron ahondar las diatribas entre las filas opositoras, con los dirigentes que no participaron y cuestionaron política e incluso éticamente a los que sí se sentaron con los enviados de Maduro.

De modo que la polarización política se ha introducido dentro de la misma oposición, creando una situación en la cual cada grupo neutraliza al otro, mientras ninguno es capaz de movilizar el descontento en una fuerza socialmente potente que presione al régimen, bien sea por la vía electoral o por la acción de calle. Esto llevó a desperdiciar la oportunidad de transformar el reciente hito electoral del 20 de mayo en una crisis política.

En 2013 y 2015 la oposición unida fue poderosa y acorraló al Gobierno. Dividida y enfrentada no consigue mantener y encauzar el enorme descontento social en contra del régimen.

3.- Espionaje cubano

Con señales muy claras de descontento militar por la situación económica y social, Maduro cuenta para lidiar con esta crisis en desarrollo con el apoyo de su más fiel y eficaz aliado: las redes de espionaje del Gobierno de Cuba, con una experiencia de 60 años en estas lides enfrentados a 12 Administraciones en Washington.

Inteligencia, contrainteligencia y experiencia en la sobrevivencia, son parte de los elementos de conocimiento “técnico”, el soporte logístico profesional, que el castrismo aporta al madurismo.

En la práctica los venezolanos no enfrentan a una dictadura, sino a dos. Una de las cuales es la más “exitosa” del hemisferio en cuanto a permanencia en el tiempo y con una determinación muy clara hoy: Maduro no puede caer. Esta es la orden desde La Habana.

Tal como se ha reseñado en el portal Konzapata hay un amplio plan de espionaje en marcha que abarca distintos sectores de la sociedad, empresarios, políticos opositores, funcionarios del régimen, pero en particular contra la Fuerza Armada Nacional (FAN), auténtico talón de Aquiles del entramado autoritario.

De acuerdo a las distintas olas de detenciones de oficiales de la FAN, en el último año los servicios de inteligencia militar y la policía política (con asesoría cubana) habrían revelado cuatro supuestas tramas conspirativas.

Muchas y variadas son las denuncias que indican la participación directa de miembros del G2 cubano dentro de la institución castrense y a distinto nivel, recientemente, 102 oficiales fueron enviados a la Habana para seguir un adoctrinamiento iniciado en el país.

4.- La diáspora venezolana

No hay cifras claras, puesto que una parte del éxodo venezolano tiene pasaportes de Colombia y España, pero según datos aportados por la canciller colombiana María Ángela Holguín, en su reciente intervención en la Organización de Estados Americanos (OEA), un millón de venezolanos se han establecido en ese país en los últimos tres años, de los cuales 35% son hijos de colombianos con derecho a la nacionalidad de los padres.

 

Además, Migración Colombia estima que otros 700.000 han cruzado ese país para dirigirse por tierra a otros destinos en Suramérica. Por su parte, el Observatorio Venezolano de la Diáspora eleva hasta tres millones el total de venezolanos emigrados en las últimas dos décadas.

Esto ha creado una situación inédita para Venezuela, país que por décadas fue el origen de remesas de trabajadores inmigrantes a otros destinos, y ahora ha pasado a ser receptor. Con lo cual una de las evidencias más protuberantes del fracaso del chavismo en el poder, pasa a ser una potencial fortaleza para el sostenimiento del régimen de Maduro por dos motivos.

Primero, como fuente de divisas fuertes que tanto necesita la economía. Esto ha llevado a los jerarcas del Gobierno a ponerles el ojo, pero sólo el levantamiento total del control de cambios, o su reforma, pueden ser un incentivo lo suficientemente poderoso para que las remesas se conviertan en una fuente importante de divisas. Recientemente, el grupo Banesco ha sido colocado bajo la tutela directa del régimen con una intervención a puertas abiertas en busca de captar las divisas de remesas que esa entidad pudiese tramitar, también han planteado legalizar casas de cambio como receptoras de remesas pero para apropiarse de las divisas y pagarlas en bolívares a tasa oficial a los destinatarios de las mismas.

Segundo, como una manera de bajar la presión dentro del país. La inmensa mayoría de los que emigran son los más descontentos con la situación de Venezuela. De hecho, con cada coyuntura política en la cual Maduro sobrevive se origina una nueva ola de emigrantes.

Se repite así la experiencia de otras dictaduras que pasaron por las mismas circunstancias: la España de Franco y la Cuba de los Castro.

Pese al cuadro anterior hay dos debilidades del régimen de Maduro que debe superar si quiere tener despejado su eternización en el poder: la hiperinflación y el aislamiento internacional.

1.- La situación económica

Venezuela va a romper todos los récords de hiperinflación en Suramérica y sólo podrá compararse con la de Nicaragua en 1990 o la de Zimbabue en 2009. Lo que discuten analistas del proceso como el profesor de economía de la Universidad Johns Hopkins, Steve Hanke, o el diputado opositor y también profesor de economía de la Universidad Central de Venezuela, José Guerra, es si la tasa de crecimiento de los precios cruzó o no la barrera de 100% al mes.

Según el FMI la tasa anualizada es de 13.779%. Este enloquecido crecimiento de los precios ha empobrecido drásticamente a la población y está paralizando sectores completos de la actividad cotidiana como el transporte público, los servicios de agua potable y electricidad, cuyos trabajadores demandan nuevos incrementos salariales, puesto que los 32 que Maduro ha decretado han sido pulverizados uno tras otro (Leer más: La hiperinflación hace estragos en la Venezuela de Nicolás Maduro).

 

Lo que la experiencia histórica enseña es que las hiperinflaciones no son eternas puesto que amenazan la estabilidad de los gobernantes. A su vez, Maduro necesita revertir la debacle de la industria petrolera, principal fuente de divisas del país, a fin de superar esta crisis.

Actuando como el parásito que termina por destruir al huésped del cual se alimenta, la gestión de Chávez-Maduro arruinó la capacidad petrolera del país a tales extremos que ahora es incapaz de aprovechar el alza de los precios internacionales.

Para dar un giro de 180 grados a esa situación, necesita grandes inversiones que la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) no está en capacidad de realizar, por cual sólo le queda recurrir a la inversión extrajera. Para ello se precisa una serie de reformas económicas que hagan nuevamente atractivo el país para este tipo de inversión y que pasan por… cambiar el entorno internacional.

Como ni las inversiones chinas ni las rusas han logrado levantar la industria petrolera venezolana, todos los caminos conducen nuevamente a Estados Unidos, el gran enemigo.

2.- El aislamiento internacional

Aunque la deriva autoritaria del expresidente Chávez era obvia, pocas voces fuera de Venezuela cuestionaron la legitimidad de origen de su mandato y mucho menos su capacidad de controlar efectivamente el país. Con Maduro es exactamente lo contrario.

Este enloquecido crecimiento de los precios ha empobrecido drásticamente a la población y está paralizando sectores completos de la actividad cotidiana

El cerco diplomático a su régimen en el continente ha llegado a un nuevo nivel al ser aprobada la resolución que desconoce las elecciones presidenciales del pasado 20 de mayo.

Por tanto, con 19 votos a favor, cuatro en contra y 11 abstenciones la Asamblea General de la OEA desconoció la legitimidad de Maduro como presidente reelecto.

Dos de sus antiguos aliados, Ecuador y Nicaragua, se abstuvieron junto con la mayoría de las islas del Caribe, por años beneficiadas del apoyo de Petrocaribe. El Gobierno de República Dominicana, hasta hace muy poco cercano, votó a favor de la resolución.

La alternativa de romper con el Sistema Interamericano para seguir los pasos de Cuba a partir de 1962, implicaría recibir el sustancial apoyo de China y Rusia, que tampoco parecen en la disposición o capacidad de darlo (Leer más: ¿Puede Venezuela seguir el destino de Cuba con la expulsión de la OEA?).

Por lo tanto, cualquier intento de reformas económicas en Venezuela pasa por mejorar las relaciones con Estados Unidos y las demás democracias americanas.

De lo contrario, la ruta es la misma que hemos visto hasta ahora: resistir siguiendo el ejemplo de Cuba a la espera de un cambio en las circunstancias externas o de un desenlace interno.

Las expectativas pueden mantenerse por un tiempo, sin embargo, el muy menguado ingreso que presenta actualmente el país, aunado con la enorme cantidad de compromisos que deberá enfrentar en un futuro inmediato, van decantando las posibilidades de alargar esta situación en el tiempo. La situación es una y está muy clara, Venezuela se encuentra prácticamente en la quiebra pero Maduro se aferrará al poder para no enfrentar las consecuencias legales de los desmanes cometidos durante su administración no importando si es la ruina del país el precio que se tenga que pagar para lograr su objetivo.

Foto: Agencias

Fuente: VAD

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