El mercado negro del efectivo campea de la mano de la buhonería

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Tener disponibilidad de efectivo es un negocio en sí mismo y aparte de todo muy rentable en una economía que asemeja a un enfermo terminal

La disponibilidad del efectivo se ha tornado en un tema que puede facilitar en muchos casos no solamente el acceso a bienes y servicios, también se ha convertido en un negocio capaz de duplicar cualquier cantidad que se posea.

En mercados a cielo abierto que abundan desde Catia hasta Petare, vale decir, espacios de buhoneros, las transacciones se exigen en efectivo, ello da a los comerciantes informales, la facilidad de acumular cantidades en efectivo que pueden, a la vez, ofrecer en términos de venta por el doble de su valor toda vez que las limitadas cantidades que se pueden retirar de los entes bancarios son muy limitadas y se hallan sujetas a la disponibilidad del momento por parte el mencionado ente.

Para nadie es un secreto que, aparte de exigir efectivo, muchos de estos informales manejan dos plataformas de precios, aduciendo que el producto que ofrecen a un precio, el público debe pagarlos a un costo mayor si se trata de pago electrónico porque “les prestan el punto” y deben pagar comisión.

El director de la Asociación de Trabajadores Emprendedores y Microempresarios, Alfredo Padilla, señala que el negocio de vender en efectivo arropa incluso a los programas gubernamentales de distribución de alimentos. “En el país hay mercado negro para todo: para gasolina, billetes, dólares y alimentos”. A propósito de ello, este domingo fue detenido Randi Sequera Querecuto, de 19 años, quien presuntamente encabeza una red de revendedores en Catia. El joven llevaba 50 bolsas CLAP en su vehículo.

Este proceso de compras y reventa del efectivo, agrava a su vez el ya de por sí delicado tema inflacionario que vive el país , según estimaciones de la Asamblea Nacional, durante el primer trimestre de 2018 la inflación acumulada fue de 453,7% y en 12 meses la variación fue de 8.878,1%.

Según Víctor Maldonado, ex director de la Cámara de Comercio de Caracas,  este proceso acelera un envilecimiento de la economía y que el mismo es reflejo de un sistema donde el efectivo se ha convertido en un bien de consumo en si mismo donde a la vez los puntos de venta, que permiten el pago de bienes y servicios de manera electrónica, por tratarse de equipos escasos y costosos, son hasta aprovechados para, mediante su alquiler, emplearlos también como un medio más de producción.

Según Maldonado, los comerciantes deben garantizar que cada punto de venta sea rentable pero un puesto de yuca no produce lo que cuesta mantener la plataforma electrónica. “Son los efectos terminales del socialismo del Siglo XXI. Que un billete de 100 cueste 200 indica que vivimos en una economía con metástasis y ello da cuenta de cómo el socialismo destruye la lógica de mercado”.

Ello ha impulsado las prácticas anteriormente mencionadas y que se ha conocído como Mercado negro del efectívo, expresión que busca reflejar como la descomposición económica ha ido arrasando con los escrúpulos de muchos mientras se libra una batalla por la supervivencia.

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